Mi primera vez con el Union: El regalo inesperado de Hermann

Mi historia comienza hace 6 años y medio. Yo, gran futbolero, me gusta impregnarme de la cultura futbolística de la ciudad que visito. Al decidir venirme a vivir a Berlín, donde iba a estar varios años trabajando, me puse a investigar qué equipos de fútbol destacaban en la ciudad. Naturalmente el Hertha de Berlin era el que salía en casi todas las búsquedas, además de Dynamo de Berlin, Tennis Borussia Berlin, Union Berlin… Por aquel entonces el Hertha andaba por la 2. Bundesliga, y uno de mis mayores deseos era ir a visitar un estadio como el Olympiastadion, con la historia que tiene detrás, y lo enorme que es. Me puse a buscar partidos, y encontré un Hertha-Union para el que no había entradas. Segunda categoría, 76000 espectadores y ni una entrada… Un derbi por todo lo alto en segunda. Yo, siendo fiel aficionado al Real Betis, sé lo que es un derbi, y me sorprendió el ver que no había entradas, así como me quedé con unas ganas tremendas de haberlo vivido…por aquel entonces del lado blanquiazul de la ciudad, pobre ignorante. Al final asistí a otro partido (creo que contra el Aue) en el que el Hertha ya estaba ascendido, pero empecé a seguir cada vez mas a ese otro equipo que no se conocía tanto pero que también estaba en el fútbol profesional alemán, el 1.FC Union Berlin, mirando de vez en cuando los resultados y la clasificación. 

Así fueron pasando los dos primeros años de mi aventura berlinesa, aprendiendo el idioma, yendo a trabajar, entre cervezas en “spätis” de los sitios mas variopintos, fiestas, alguna visita de amigos, cambios de trabajo… lo típico que se suele hacer en Berlín. Aunque no había vuelto a ver ningún partido de fútbol. Un Alba Berlin-CAI Zaragoza en el Mercedes Benz Arena era el único evento deportivo que había visto en ese tiempo. Hasta que llegó él. El señor Hermann. 

Yo me gano la vida de enfermero, como otros tantos muchos españoles que andamos por el extranjero. Tras un tiempo trabajando en una residencia de mayores y en una empresa de cuidados ambulantes, aterricé en una clínica privada en un barrio del centro de Berlín. Pacientes iban y pacientes venían, nos contábamos nuestras cosas, hablábamos de diferentes temas… Y un día, el señor Hermann, gran aficionado al futbol, me preguntó que de qué equipo era. “Del Betis, ¿lo conoce?”, “pues claro” me dijo él, con una sonrisa en la cara. Estuvimos hablando de la situación del club (por aquel entonces no muy buena) y de su gran rivalidad con el Sevilla, y de la dificultad que es ser aficionado de un equipo cuyo rival está rodeado de éxito. “Yo sé de lo que me hablas”, me dijo, “yo soy del Union Berlin”. Primer aficionado del Union con el que hablaba. Y así nos pasamos prácticamente todo el turno de noche, hasta bien entrada la madrugada, y el resto del tiempo, hablando de fútbol, del Betis y del Union. Comprendí la locura, cuando este señor sacó de su armario, un libro enorme sobre la victoria alemana en el mundial de Brasil 2014, y ahí estaba en portada: aficionados alemanes festejando en la grada de Maracaná y en medio de todo, una bandera enorme del Union Berlin. Me recordó a cuando hay algún evento deportivo con nuestra selección y entre toda la gente siempre encuentras la camiseta verdiblanca de las trece barras.

Con el tiempo el hombre se recuperó de sus dolencias y cuando se iba a ir de alta, me pidió mi numero de teléfono para invitarme a algún partido del Union con el carnet de su hijo cuando él no pudiera asistir. Me picó la curiosidad y durante meses me puse como loco a buscar información del Union, donde estaba el estadio, en que categorías había jugado, jugadores famosos… y llegó el día. Recibí una llamada de un número que no tenía y lo cogí. Era el señor Hermann, ese finde había partido contra el Munich 1860 y quería invitarme y lógicamente acepté. Ya no había vuelta atrás. Emocionado se lo conté a mi novia, iba a ir por primera vez a la otra punta de Berlín, a ver un partido de segunda, entre dos equipos históricos, invitado por un paciente (hay que decir, que como enfermero, es un orgullo que tus pacientes se acuerden de tí); y emocionado se lo conté a mi padre, colchonero, y le di una envidia inmensa. Yo ya le había contado de este equipo de barrio, a la sombra de otro con mas éxito, que no más grande (mi padre evidentemente también sabe de que hablo, al ser del Atleti) y me pidió que hiciera muchas fotos y que cuando acabara le contara. Y llegó el fin de semana. 

Quedé con el señor Hermann en Grünau, un poco mas allá de donde cae el estadio, pero cerca de donde vivía él, para enseñarme un poco el barrio, recoger a su hermano y sobrino e ir en tranvía a través de Köpenick hasta el Stadion An Der Alten Fösterei. Yo estaba nervioso como cuando voy al Villamarín. La gente con sus bufandas, camisetas, abrigos, gorros, guantes (era febrero), todos con su escudo del Union y unas iniciales: U.N.V.E.U., “Und niemals vergessen Eisern Union” me explicó el señor Hermann. Vimos el partido en tribuna sentados donde el hombre tenía el abono, pero estaba rodeado de locos por todas partes, abuelos con sus nietos cantando, saltando y animando en pleno febrero a las dos de la tarde con apenas un par de grados en el termómetro. La bratwurst y la cerveza no me faltaban, todo cortesía de este amigo que me había echado en el trabajo.

Al descanso íbamos ganando creo recordar 2 a 0. Durante el mismo, iban felicitando a los socios que habían cumplido años durante esa semana por megafonía, cuando el señor Hermann me dijo que estuviese atento, yo sin saber porque afiné el oido e intenté entender lo que decían (mi alemán aún era muy mejorable) cuando escuche al speaker decir al estadio que saludaran a un español que estaba en tribuna que había ido por primera vez a ver al Union, que esperaba que me gustara y que repitiese. Todos los aficionados de mi alrededor se dieron la vuelta y me empezaron a saludar y estrechar la mano, abrazar… maldito fútbol, maldito Union, yo ya estaba enganchado al equipo hasta las trancas, pero con este gesto… lloré, lloré de emoción, por haber descubierto algo tan especial, gracias a la casualidad de encontrarme con una persona tan grande como el señor Hermann. 

El partido acabó 3-0, el Munich 1860 estaba contra las cuerdas para descender a 3. Bundesliga, “adiós 2. Liga Tour”, ponía en la pancarta de los muniqueses, también en español. El señor Hermann bromeó diciendo que también se lo había dicho él. Nos fuimos a los puestos de salchichas y cervezas, me invitó a unas cuantas y acabamos bastante contentos. La gente me seguía saludando: “Eh Spanier!”. Mi primera vez en el Stadion An Der Alten Försterei había sido inmejorable. Me despedí de mi amigo, le agradecí el día tan increíble que me había regalado, nos citamos para una próxima, y me fui camino a casa. Llamé a mi padre y le conté todo lo que había vivido esa fría mañana de febrero, y se le pusieron los dientes más largos que el camino a Mordor. 

Con el tiempo, no he podido volver a coincidir de momento de nuevo con el señor Hermann, pero si fui a visitar el estadio con mi padre en una de sus visitas y a ver varios partidos con otros amigos míos de Berlin: mi compañero de piso, compañeros del equipo de fútbol sala y mi novia. Al final con tanta locura “Unioner” semanal, para las ultimas navidades me regaló dos entradas para el Union-Sandhausen de esta temporada, la del ascenso. Ganamos 2-0, y mi novia, aunque no es muy futbolera, conoció otra parte de mí y entendió un poco mas mi locura. Porque sí, ser del Union es estar un poco loco, nunca vamos a ganar una Champions, apenas hemos llegado a una final de Pokal en nuestra historia, pero como ser del Betis, mi gran pasión, ser de estos equipos va más allá del fútbol, de ganar o perder, de títulos o descensos. Estos equipos son más una manera de ver la vida, de que si te caes, te vuelves a levantar y lo vuelves a intentar, que si la vida te golpea fuerte, te preparas para devolvérselo, de que rendirse no es nunca una opción, y de que, como dijo un sabio, “cuando las fuerzas fallen, mírense el escudo ya que no hay nada mas bonito en el mundo”, miren a su alrededor y noten la fuerza del grupo y la locura de tantos miles de hermanos que comparten tu pasión. 

Y nunca olvidarse, Eisern Union 

Juanma, unioner y bético. 

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