Dos generaciones, una sola pasión (Parte 1)

Iron Curtain Project es una iniciativa que busca comprender cómo ha afectado el muro a la gente del Este en su día a día a través de distintos temas. En el fútbol, el Union Berlin ha sido uno los equipos que ha vivido los cambios más bruscos, pasando de jugar en la DDR Oberliga a tener que competir con la Alemania capitalista, mucho más preparada deportiva como económicamente. A través de los testimonios de Frank Völker (54) y Daniel Zwick (29) conoceremos esta adaptación a los “nuevos tiempos”.

En la RDA, el Union de Berlin era conocido por ser anti-Stasi. En el estadio los aficionados cantaban “Die Mauer muss weg” (El muro tiene que caer). 25 años después de la caída del muro, el club no ha dejado su imagen de “antisistema necesario”, aunque ahora sus aficionados pelean contra Red Bull en vez de contra el servicio secreto.

En las afueras de Berlín, en el distrito de Köpenick, los jugadores del FC Schluckauf ’82 se preparan para el encuentro contra en Hobelbank. Hablan sobre las tácticas bajo la lluvia. Un puñado de amigos y familia han desafiado al mal tiempo para ver el partido.

Schluckauf ’82 es un club de aficionados: todos sus miembros son fans del Union de Berlin. “Debe haber al menos 80 equipos de este tipo”, dice el entrenador y el fundador del club Frank Völker. Se sienta al lado de la portería. Sus chicos han ganado el torneo este año, por lo que fueron homenajeados en An der Alten Försterei, el estadio del club de sus amores. “Fue un honor tremendo. Se les recibió como verdaderos profesionales”.

El estadio es un sitio muy especial para los aficionados. En 2008 fue renovado enteramente por los fans, ya que el club se encontraba en una situación económica muy delicada. Entre todos los fans trabajaron por un total de 140.000 horas. Völker: “Todo el mundo contribuyó al estadio. Incluso conozco a gente que dejó temporalmente su trabajo”. Después los propios aficionados compraron el estadio: cada uno de ellos pagó alrededor de 500 euros.

Según Völker el Union es un club de trabajadores, igual que Köpenick que es un barrio con los mismos valores. Aquí no se encuentran sitios que vendan hamburguesas de soja y café latte, eso sucede en otras partes más hipsters de Berlin Este. El club es como una familia. “Si el Union vence, cada bar cercano al estadio da una ronda gratis de cervezas” comenta Völker. Incluso celebran la Navidad conjuntamente. Más de 20.000 fans se reúnen en el estadio para cantar Noche de Paz y otros villancicos. El himno del club Die Hymne, cantado por la artista alemana Nina Hage, también es un habitual en los altavoces de An der Alten Försterei: Wir aus dem Osten/ geh’n immer nach vorn/ Schulter an Schulter/ für Eisern Union/ Hart sind die Zeiten/ und hart ist das Team/ Darum siegen wir/ mit Eisern Union  (traducción: Somos del Este/ siempre vamos hacia adelante/ hombro con hombro/ por la Union de Hierro/ Los tiempos son duros/ y duro es nuestro equipo/ Por eso ganamos/ con la Union de Hierro).

En los tiempos de la RDA, los aficionados se sentían unidos en su lucha contra el sistema comunista. Juntos cantaban contra la Stasi. “Vencer al BFC Dynamo Berlin – el equipo del servicio secreto – se sentía como haber tirado el muro con nuestras propias manos”, recordaba Völker. “Es una sensación que a los mayores todavía nos sigue emocionando. Para los fans más jóvenes, ésto es simplemente un club de fútbol más. Los que crecieron tras la caída del muro no conocen la cultura real del Union. Ellos solo quieren encender bengalas en el estadio e irse a un bar de fiesta después”.

Siempre que Völker va a An der Alten Försterei se encuentra con la misma gente con la que veía el fútbol en 1975. “No diría que quieren que vuelva el muro, pero desde que las fronteras se abrieron, los Alemanes del Este han tenido que pasar por mucho”. Resumiendo: Problemas con drogas, prostitución y extranjeros. “Nunca tuvimos que convivir con ésto anterioremente. La gente joven no tiene ni idea. El verano pasado, fans del Union fueron al Mundial en Brasil, ésto sería inimaginable hace 25 años. Pero incluso después de todos estos años, la relación entre el Este y el Oeste de Alemania siguen deterioradas. Todavía hay una división: el Este es todavía pobre y el Oeste sigue siendo rico”.

Union contra el servicio secreto

Völker ha sido aficionado del Union Berlin desde 1973. Un amigo le llevó una vez a ver un partido después del colegio, y desde entonces se le podía encontrar todas las semanas en An der Alten Försterei. Völker: “Tuve suerte de que no me llevara al BFC Dynamo porque quizás me hubiera convertido en un fan del Dynamo”. Se ríe de su propia broma. En la RDA en Dynamo y el Union eran archienemigos. El presidente del BFC Dynamo era Erich Mielke, que también era la cabeza visible de la Stasi. Usaba sus influencias para asegurarse de que el Dynamo ganaba la Oberliga año tras año: sobornando y amenazando árbitros, cogiendo jugadores de otros equipos y “delegándolos” al Dynamo, como ellos le llamaban. Y cuando el Union iba ganando, simplemente añadían 10 minutos más de partido hasta que marcaban, comentaba Völker.

El mejor partido que Völker vio en su vida fue en 1976, cuando el Union milagrosamente fue capaz de vencer al BFC Dynamo. “Lo intentaron todo: tiempo extra, penaltis, pero nada sirvió”. Como resultado, el Dynamo se quedó sin opciones de ganar la liga, como solía hacer. Völker: “Ésto era considerado un crimen contra el estado”. Se recuerda junto a otros 20.000 fans del Union celebrando por Friedrichstrasse, justo al lado del muro. “Fue una gran victoria. Habíamos vencido al sistema”.

Pronto Völker empezó a darse cuenta de que en An der Alten Försterei había hombres con traje y corbata cada vez más a menudo. Obviamente no eran fans. “Hacían fotos y siempre estaban allí”. Su presencia no frenó los cánticos de los fans. Si el equipo tenía un tiro libre y el rival ponía una barrera los aficionados cantaban: “Die Mauer muss weg” (El muro tiene que caer). “También gritábamos a menudo “Scheisse Stasi” (Stasi de mierda). Völker habla con orgullo de aquellos días. “Solo buscábamos desafiar a la policía”. Su entrenador asistente añade: “El Union era un club de rebelde, como los Rolling Stones”. De pronto Völker explota. Sus chicos están perdiendo contra el Hobelbank. “Defensa. ¡Mirad a la izquierda!”. Sube y baja la banda mientras sus chicos no para de esprintar sobre la hierba mojada.

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